domingo, 18 de marzo de 2012

IDILIO ETERNO


















Ruge el mar y se encrespa y se agiganta;
La luna, ave de luz, prepara el vuelo,
Y en el momento en que la faz levanta,
Da un beso al mar y se remota al cielo.


Y aquel monstruo indomable que respira
Tempestades y sube y baja y crece,
Al sentir aquel ósculo, suspira
Yen su cárcel de rocas... se estremece


Hace siglos de siglos que lejos
Tiemblan de amor en noches estivales:
Ella le da sus límpidos reflejos
El ofrece sus perlas y corales.

Con orgullo se expresan sus amores
Estos viejos amantes afligidos,
Ella le dice ¡te amo! en sus fulgores
Y el responde ¡te adoro! en sus rugidos


Ella lo adormece con su lumbre pura,
Y el mar la arrulla con su entorno grito,
Y el le cuenta su afán y su amargura
Con una voz que truena en lo infinito,



Ella pálida y triste lo oye y sube
Por el espacio en que su luz desploma
Y velando la faz tras la nube,
Le oculta el duelo que a su frente asoma,


Comprendo que su amor es imposible,
Que el mar la copia con su convulso seno,
Y se contempla su cristal movible
Del monstruo azul que retumba el trueno.

Y al descender tras de la sierra fría
Le grita el mar: ¡en tu fulgor me abraso!
¡No desciendas tan pronto, estrella mía!
Estrella de mi amor... detén el paso...!

Un instante mitiga mi amargura,
Ya que en tu lumbre sideral me bañas;
¡No te alejes...!¿ no ves tu imagen pura
Brillar en el azul de mis entrañas?

Y ella exclama, en su loco desvarío:
«¡Por doquiera la muerte me circunda!
¡Detenerme no puedo monstruo mío!
¡Compadece a tu pobre moribunda!

¡Mi último beso de pasión te envío;
Mi postrer lampo a tu semblante junto!...»
Y en las hondas tinieblas del vacío,
Hecha cadáver se desploma al punto.

Entonces, el mar, de un polo al otro polo,
Al encrespar sus olas plañideras,
Inmenso, triste, desvalido y solo,
Cubre con sus sollozos las riberas.

Y al contemplar los luminosos rastros
Del alba luna en el oscuro velo,
Tiemblan, de envidia y de dolor, los astros
En la profunda soledad del cielo.

¡Todo calla!... El mar duerme, y no importuna
Con sus gritos salvajes de reproche;
¡Y sueña que se besa con la luna
En el tálamo negro de la noche!


Julio Florez

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